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Un nuevo hallazgo para la ciencia

Fuente: Revista Equilibrio Por décadas confundida con otras de su familia, una nueva especie de magnolia fue descubierta por un integrante de Grupo Ecológico Serra Gorda Ciencia Por Esther Díaz La mayoría de las personas, cuando camina por un bosque, desconoce las especies de animales y plantas que ve. Los más urbanos le temen a los insectos, les asustan los ruidos desconocidos y no sabrían cómo sobrevivir sin agua ni alimento en la madre naturaleza. Una minoría, en cambio, es en los bosques más recónditos donde se siente completamente seguro.

Desde que a mediados del siglo XVI comenzó la descripción de las especies de plantas y animales mexicanas, biólogos y botánicos han rebuscado en los bosques de este país en busca de nuevos registros y hallazgos para la ciencia. Por ello, encontrar nuevas especies actualmente resulta extraordinario, máxime cuando el aumento de la población le roba espacio a las áreas naturales y el cambio climático mata sin compasión.

Sin embargo, en la Reserva de la Biósfera Sierra Gorda siguen ocurriendo milagros que en realidad no lo son, sino el fruto del excelente trabajo de conservación que Grupo Ecológico Sierra Gorda (GESG) realiza en la región.

En 2009, Roberto Pedraza Ruiz, asistente técnico de GESG, fotografió unas magnolias que, en aquel entonces, habían sido identificadas erróneamente como especies distintas. Tiempo después, Pedraza Ruiz se integró al grupo de fotógrafos internacionales que colabora con el proyecto británico ARKive, el cual busca crear un compendio de imágenes de especies de flora y fauna amenazadas de nuestro planeta, y envió las fotos al sitio. A finales de 2013, el integrante de GESG fue contactado por el Dr. José Antonio Vázquez, botánico y taxónomo de la Universidad de Guadalajara quien, de manera casual, encontró las imágenes en el sitio de ARKive. Para Vázquez, las imágenes resultaron algo especial y anómalo, por lo que solicitó más fotos a Pedraza Ruiz. Finalmente, en 2014 se produjo la confirmación de que se trataba de dos especies nuevas de magnolias (auténticos fósiles vivientes y las primeras plantas con flores).

El botánico decidió nombrar a una de las dos especies como pedrazae, dedicándola al fotógrafo y conservacionista, mientras que la otra especie fue nombrada como rzedowskiana, dedicada al Dr. Jerzy Rzedowsky, el principal botánico en México. Apenas en julio de 2015 se publicó el artículo científico que describe a esta segunda especie. “Magnolia rzedowskiana es una especie endémica con distribución muy restringida.

El hecho de que mediante decreto federal se encuentre en una de las zonas núcleo del área protegida Reserva de la Biosfera Sierra Gorda no garantiza su protección efectiva. Ha sido indispensable la creación de la primera reserva natural privada en el área en 1996, con lo que se ha establecido un área defendida de manera segura, excluyendo ganado y el uso de motosierras. Desde que la iniciativa privada instaló un lienzo de alambre de púas de más de nueve kilómetros para tal propósito ha sido notoria la regeneración de plántulas e individuos juveniles de M. rzedowskiana, por lo que la especie ha incrementado localmente su población en forma significativa, en virtud de la protección efectiva in situ y de la participación activa de la sociedad civil”, dice el documento.

Sin duda, estos descubrimientos destacan la pertinencia de proteger sitios con alto valor biológico.   Imagen: Roberto Pedraza

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Sobre el rastro del puma

Por Esther Díaz Fuente: Huffington Post 2015-07-03-1435942450-9387443-puma1-thumb Hoy es mi cumpleaños y he decidido pasarlo alejada de la civilización, con unas polainas que me protegen de la eventual picadura de una víbora de cascabel y lista para una caminata de más de cuatro horas por un bosque casi virgen.

Estoy en la reserva natural privada número uno del Grupo Ecológico Sierra Gorda (GESG), organización civil que lleva 28 años luchando por la conservación del medio ambiente en el tercio norte del estado de Querétaro. Sin su intervención, todo apunta a que hace ya tiempo que este bosque hubiera sido arrasado por madereros.

Para llegar a las faldas de la reserva hay que viajar alrededor de una hora por carretera asfaltada, continuar por una brecha de terracería en la que sólo entran coches 4×4, y seguir a pie. Tan sólo el inicio de la expedición es una pequeña aventura en sí misma.

Roberto Pedraza, jefe del Programa de Tierras para la Conservación del GESG, será mi guía en esta jornada.

Pese a que le resta importancia al hecho de tener que llevar polainas -me cuenta que las víboras están más activas en julio y agosto, y ahora estamos en mayo-, es la primera vez que me muevo por un bosque con una protección así. Avanzo tras él con cierta intranquilidad pero, al mismo tiempo, deseosa de que se cruce ante nosotros una serpiente lista para presumir su lengua y cascabel, y luego continuar impasible su camino.

Sin embargo, no hemos venido a ver reptiles, sino a instalar cámaras trampa. Con ellas se pretende registrar la presencia de pumas, jaguares y ocelotes, entre otras muchas especies que habitan en bosques de niebla bien conservados, como éste.

Comienza el ascenso y, a medida que avanzamos, reconozco orquídeas, cactáceas con flores rosadas que penden de algunos árboles, bromelias, helechos y flores carnívoras de color morado. Sin embargo, desconozco el resto de especies que me rodea. Mi guía, en cambio, conoce este lugar como la palma de su mano.

El camino está muy tupido y él se abre paso con el machete. Le pregunto por qué respeta algunas ramas que se cruzan en nuestro camino y en seguida responde “están en peligro de extinción”. Abro así la veda a que me diga los nombres científicos de las especies que indulta porque están amenazadas, así como su lugar de procedencia: Ostrya virginiana, Carpinus caroliniana y Tilia mexicana, procedentes de Estados Unidos; aguacates silvestres característicos de los bosques de niebla mexicanos…

A medida que él se convierte en una enciclopedia andante, yo olvido casi todo lo que me dice. Soy incapaz de retener los latinajos que me dispara, pero en el afán de memorizar algo, el fantasma de la cascabel pasa a un segundo plano en mi lista de preocupaciones.

Mientras buscamos las señales de la presencia de los gatos, como llaman en la sierra a los felinos, paramos para admirar una orquídea especial: es la primera que Roberto vio con flor en este bosque. Me pregunto cómo puede saber en qué lugar exacto de este laberinto hay algo, ya sea una flor o un árbol donde habitan las salamandras. “Son mis viejas conocidas, mis protegidas”, me dice sin necesidad de que yo formule la pregunta en alto.

Para cuando llegamos a un lugar donde el camino está casi cerrado por completo, ya no me sorprende que él sepa leer las señales, imperceptibles para mí, que dejó para guiarse en visitas pasadas. Una muesca en un árbol o una piedra con una determinada forma son suficientes para saber que ahora hay que girar a la izquierda.

De pronto, el primer signo: en la corteza de un árbol muerto que atraviesa el camino se dibujan lo que bien podrían ser las garras de un felino. Apenas cinco minutos después, nos topamos con la marca de sus garras excavadas en la tierra. La probabilidad de encontrar a un puma o un jaguar frente a frente bajísima, pero la piel se me enchina de solo pensarlo.

Queda un tercio del camino para llegar a uno de los límites de la reserva y colocar estratégicamente las tres cámaras trampa que, tres semanas después, recogeremos en busca de resultados. Si hay suerte, los obtendremos. Pero no siempre es así.

Allá donde el viento da la vuelta

“La última subida y llegamos”, dice mi guía para animarme. Minutos después, el aire comienza a soplar y la densidad de musgos y líquenes que cuelgan de los árboles se vuelve impresionante. “Si los duendes y las hadas existen, seguro que viven aquí”, pienso.

Es un paisaje de cuento, casi irreal. La belleza es tal que aquí las fotos y los comentarios están de más. Giro sobre mí 360 grados e intento captar todo lo que veo. Después, cierro los ojos y trato de reproducirlo en mi cabeza. Al abrirlos, un bosque repleto de cedros, encinas y magnolias gigantes me devuelve la mirada. No es un sueño, este lugar es real y no le cabe una gota más de belleza.

Antes de instalar cada cámara, Roberto corta a ras de suelo las plantas del área hasta donde alcanza el sensor. De esta forma, la probabilidad de obtener una buena foto si llega un felino aumenta, pues no habrá elementos que se crucen entre el gato y la lente.

De bajada, mientras como fresas silvestres y fotografío helechos de formas imposibles, doy gracias por el privilegio de haber podido visitar este lugar.

Una espera casi eterna

Han pasado 26 días y estamos de regreso en este santuario de vida silvestre. Las cámaras que instalamos hace un poco más de tres semanas no son de última generación, por lo que no podremos ver si han captado alguna imagen o vídeo hasta que no estemos frente a una computadora.

Quizás por ello ascendemos, sin darnos cuenta, más rápido que la vez anterior. Queremos volver a la ciudad para saber qué sucedió en nuestra ausencia.

Apenas comenzamos a subir, todo parece indicar que no estamos solos. En esta ocasión encontramos hasta ocho huellas y marcas de garras en los troncos que atraviesan el camino. Pero la mejor señal de todas es la que, incluso a un guía experto, le produce verdadera emoción: la orina fresca de un felino.

Roberto se agacha, huele el orín y asegura “el animal ha pasado hace muy pocas horas por aquí”.

Aunque en esta ocasión no hay tiempo para las fotos, el lugar sigue provocándome la misma sensación que la primera vez. Me siento envuelta en magia, inmersa en un hechizo del bosque.

De regreso en las oficinas del Grupo Ecológico Sierra Gorda, cansados, sudados y hambrientos, nos sentamos impacientes frente a la computadora.

Abrimos primero la cámara que tomó video y… ahí está. El trasero de un precioso puma avanza por el sendero que, cinco horas después, nosotros recorrimos. Si hubiéramos ido un día antes a quitar las cámaras no hubiéramos encontrado nada. Fue hoy, a las cuatro de la madrugada, cuando el animal visitó la reserva. Ningún guión de película podría haberlo preparado mejor.

El vídeo también ha captado a un venado temazate que, días antes, pasó de noche por ese mismo punto. Las otras dos cámaras, programadas para hacer fotos, esconden una sorpresa más: el lomo regordete y grisáceo de un pecarí de collar, la especie de jabalí de esta zona de México, que seis días antes estuvo en el lugar.

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El hallazgo se convierte en una fiesta. Estos son los signos más claros e indiscutibles de que la conservación se consigue eliminando la huella humana de los lugares silvestres. Sólo así la fauna salvaje puede retomar lo que las personas le arrebataron: su hogar.

Afirmar esto significa reconocer que incluso nosotros y nuestras cámaras trampa somos intrusos en esta maravilla natural. Llegados a este punto es donde se genera el debate entre los más radicales, que defienden que ninguna excepción es posible, y los que apuntan que una presencia mínima, controlada y con fines exclusivos de supervisión y control, es necesaria.

Para una curiosa como yo es más sencillo comulgar con la segunda postura, en la que de algún modo tengo cabida en ese pedazo de cielo verde. Sin embargo, me digo a mí misma que, la próxima vez que acuda a un lugar así, trataré de pasar aún más desapercibida. Porque, en realidad, sé que en la casa del puma no tiene cabida el hombre.

Ve el video del puma, el temazate y el pecarí


By Esther Díaz
Source: Huffington Post 2015-07-03-1435942450-9387443-puma1-thumb

Today is my birthday and I have decided to spend it far from civilization, with some gaiters that will protect me from any potential rattle snake bites and ready to walk for over four hours in an almost completely virgin forest.

I’m in private nature reserve number one, which is overseen by Grupo Ecologico Sierra Gorda (GESG), an NGO which has been fighting for environmental conservation for 28 years in the northernmost third of Queretaro State. If GESG had not acted to save this piece of land, it is a given that it would have been destroyed a long time ago by loggers.

To get to the boundaries of the Reserve you have to travel for an hour on a paved road, and then along an old logging track only accessible by 4x4s, and continue on foot. Even this first part of the expedition is a small adventure in itself.

Roberto Pedraza, who is in charge of the GESG’s Lands for Conservation Program, will be my guide on this journey.

Although he plays down the fact that we have to wear gaiters –he tells me the snakes are most active in July and August, and we are in May at the moment-, it is the first time I walk in a forest wearing this kind of protection. I follow him with certain nervousness but, at the same time, I wish for a snake to cross in front of us, ready to show off its tongue and rattle, and then continue coolly on its way.

However, we have not come to see reptiles, but to set up camera traps. With these, we intend to document the presence of pumas, jaguars and ocelots, among many other species that inhabit well conserved cloud forests like this one.

The climb begins and as we cover ground, I recognize orchids, pink flowered cacti that hang from trees, bromeliads, ferns and purple carnivorous flowers. However, I am ignorant of the rest of the species that surround me. My guide, on the other hand, knows this place like the back of his hand.

The path is very overgrown and he cuts away with his machete. I ask him why he spares some of the branches that cross our path and he promptly responds “they are in danger of extinction”. This leads to him telling me the scientific names of the species which he spares because they are endangered, as well as their place of origin: Ostrya virginiana, Carpinus caroliniana and Tilia mexicana, from the United States; wild avocadoes which are characteristic of Mexican cloud forests…

As he becomes a walking encyclopaedia, I forget almost everything he tells me. I am incapable of retaining the Latin he fires in my direction, but while making the effort to memorize something, the ghost of the rattle snake takes second place in my list of preoccupations.

While we search for signs of the presence of wild cats, cats, as felines are known locally, we stop to admire a special orchid: it’s the first one Roberto saw in flower in this forest.

I ask myself how he can know something’s exact location in this labyrinth, be it a flower or a tree which is home to salamanders. “They are old acquaintances, my protégés”, he tells me without the need for me to ask out loud.

By the time we arrive at a place where the path is almost completely closed, it is not surprising for me that he knows how to read the signs, imperceptible to me, which he left to show him the way on past visits. A notch in a tree or a rock with a certain shape is sufficient to know that we now have to turn left.

Suddenly, the first sign: in the bark of a dead tree fallen across our path, marks which could well be feline claws can be seen. Just five minutes later, we come face to face with marks dug into the earth by its claws. The probability of finding a puma or jaguar face to face is extremely low, but I get goose bumps just thinking about it.

We still have a third of the way to go to arrive at one of the reserve’s limits and strategically place the three camera traps which, three weeks later, we will collect in search of results. If we are lucky, will get them, but this is not always the case.

Up there where the wind blows over

“Last climb and we’re there”, says my guide to encourage me. Minutes later, the air begins to blow and the density of the mosses and lichens hanging from the trees becomes impressive. “If gnomes and fairies exist, they definitely live here”, I think.

It’s a storybook landscape, almost unreal. The beauty is such that pictures and comments are superfluous. I turn 360 degrees and try to capture everything I see. Afterwards, I close my eyes and try to reproduce everything in my head. When I open them, a forest bursting with cedars, oaks and giant magnolias looks back at me. This isn’t a dream, it’s a real place and it would be impossible to fit another drop of beauty in.

Before installing each camera, Roberto cuts the plants surrounding the sensor down to the ground. In this way, the probability of getting a good photo if a feline comes increases, because there will be nothing to come between the cat and the lens.

On the way down, as I eat wild strawberries and take pictures of impossibly shaped ferns, I am grateful for the privilege of having been able to visit this place.

An almost never ending wait

26 days have passed and we are back at this wildlife sanctuary. The cameras which we installed a little more than three weeks ago are not the most recent technology, so we will not be able to see if they have captured an image or video until we are in front of a computer.

Maybe this is why, without realizing it, we climbed faster than last time. We want to return to the city to find out what happened in our absence.

As we begin to climb, everything seems to indicate that we are not alone. This time we find up to eight territorial and claw marks on the trunks and litter in the path. But the best sign of all is one which, even for an expert guide, is truly exciting: the fresh urine of a feline.

Roberto bends down, smells the urine and says “the animal has passed through here very few hours ago”.

Although there is no time for photos on this visit, the place continues to produce the same sensation in me as the first time. I feel shrouded in magic, immersed in the forest’s spell.

Back in the Grupo Ecologico Sierra Gorda’s offices, tired, sweaty and hungry, we sit down impatiently in front of the computer.

We open up the video camera first and… there it is. The backside of a beautiful puma walking along the path which, five hours later, we passed through. If we had gone to remove the cameras a day earlier we would not have found anything. It was today, at four in the morning, when the animal visited the reserve. No film script would have been able to do it better.

The video has also captured a brocket deer which, days earlier, passed the same location by night. The other two cameras, programmed to take pictures, hide one more surprise: the rounded, greyish back of a collared peccary, the wild boar species local to this zone of Mexico, which was at the site six days before.
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The find becomes a celebration. These are the clearest and most indisputable finds showing that conservation is achieved by eliminating human interference from wild places. Only then will wildlife be able to retake what people have taken from them: their home.

This statement requires the recognition that even us and our camera traps are intruders in this natural wonder. This is the point where debate is generated among the most radical, who hold the view that no exception to this rule is possible, and those who claim that a minimal presence, controlled and exclusively for supervision and control, is necessary.

For an inquisitive such as I am, it is easier to agree with the second point of view, in which I am in some way part of this piece of green paradise. However, I tell myself that, next time I go to a place like this, I will try to go even more unnoticed. Because in reality, I know there is no place in the puma’s home for human.

Watch the full video

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Los hongos del norte de Querétaro


Entre las diferentes especies que forman parte de los ecosistemas forestales, destacan por su humildad y a la vez por su importancia, los hongos silvestres, que aparecen como por arte de magia durante la temporada de lluvias, tienen una efímera vida y desaparecen hasta el año entrante.Los mismos cumplen una variedad de funciones que resultan primordiales en el mantenimiento de los procesos ecológicos de la naturaleza, existiendo de muy diversas formas, tamaños, colores y adaptados a una variedad de circunstancias. Entre sus funciones se encuentran la reintegración de materia orgánica al suelo (por ende de carbono), permitiendo el mantenimiento de la fertilidad del mismo en ecosistemas terrestres, destacando por esta función los hongos descomponedores de madera.Así mismo, otras especies disminuyen y evitan los procesos erosivos a través de su micelio, pues fusionan las hojas muertas del mantillo y forman una capa semi-compacta que protege al suelo; otros viven de parasitar otras especies, o los llamados micorrícicos, que forman relaciones provechosas (es decir, una simbiosis) con árboles de diferentes especies.

Es así que los hongos forman el Reino Fungi, que después de los insectos alcanza los más altos índices de diversidad, pues de acuerdo a diversos autores existen en todo el mundo entre 1.5 y 2.5 millones de especies. En México, alrededor de 185 mil especies, de las cuales, apenas se han descrito y conoce la ubicación de siete mil, lo que equivale a apenas a 3.5% de los hongos que crecen en el país.

La diversidad de hongos del estado de Querétaro y la Sierra Gorda ha sido estudiada por diversos especialistas desde el año de 1986, como los maestros Jesús García Jiménez, Isaac Silva Barrón y la maestra Rosa Laura Andrade, entre otros, pertenecientes a una variedad de instituciones como la Universidad Autónoma de Querétaro, el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey Campus Querétaro, e incluso del Instituto Tecnológico de Ciudad Victoria, Tamps., que publicaron en 1998 el resultado de sus estudios en el libro “Hongos del Estado de Querétaro”, reportando la presencia de 224 especies de hongos macroscópicos para el estado de Querétaro, de las cuales 127 especies están presentes en la Sierra Gorda, 42.5% corresponde a especies comestibles, es decir 54 especies con diversos grados de comestibilidad y palatabilidad, mientras el 41.7% son hongos micorrícicos asociados a diversas especies de pinos y encinos.

Sin embargo, a partir de prospecciones realizadas el año pasado por el micólogo Alan Rockefeller, en colaboración con el Grupo Ecológico Sierra Gorda (GESG), la gran mayoría de los hongos presentes en el tercio norte del estado resultan ser especies nuevas, esto a partir del análisis de su ADN. A reserva de aguardar su descripción científica, el acervo de especies de macromicetos serranos resulta todo un tesoro biológico.

A diferencia de otros estados, en Querétaro no existe tradición entre la población rural para el aprovechamiento y consumo de hongos, pues se limitan a consumir el cuitlacoche (Ustilago maydis), champiñón (Agaricus bisporus) y el hongo bola (Calvatia cyathiformis), pues desconocen que existen otras especies de mejor sabor. Aunado a esto, el miedo que inspiran las especies tóxicas y venenosas, de las que si bien algunas de ellas están presentes en los bosques de la reserva, son una minoría y teniendo los conocimientos técnicos es relativamente fácil identificarlas.

Ninguna de las viejas tradiciones populares es efectiva en lo absoluto para la identificación de los hongos venenosos, como hervirlos con una moneda de plata y esperar su ennegrecimiento si fueran tóxicos, ya que si se sigue este procedimiento con hongos como Amanita phalloides o A. virosa, el metal no se pondría negro y se trata de especies que de consumirlas son fatales.

Por lo que respecta a la cantidad de macromicetos comestibles de los bosques de pino-encino de la RBSG, se hicieron estimaciones de la cantidad potencial de toneladas de hongos silvestres que se podrían obtener por hectárea durante cada temporada de lluvias, estimando un rango que va desde 1,448.4 hasta 10,861.7 kgs. Sin duda estas cifras hacen reflexionar sobre el potencial que tienen los hongos silvestres como recurso alimenticio para las comunidades de la sierra, que de manejarse sustentablemente podría ser excelente fuente de aminoácidos y ácidos grasos esenciales para la dieta humana.

En la próxima temporada de lluvias, son literalmente toneladas de hongos silvestres los que aparecen en bosques y selvas de la Sierra Gorda, a cumplir sus funciones con los ecosistemas y ofrecer un vasto recurso alimenticio que no es aprovechado en todo su potencial.

 

Roberto Pedraza, Jefe del Programa de Tierras para la Conservación del Grupo Ecológico Sierra Gorda

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Fotografía de conservación, una activo para la biodiversidad

Por Valeria León
Fuente: Revista Equilibrio

  • ¿Cuándo iniciaste tu carrera como fotógrafo y cómo decides especializarte en fotografía de la naturaleza? 

De manera formal en 2009. Ello vino de manera natural luego de estar a cargo de un proyecto de monitoreo de jaguar, utilizando cámaras trampa. Con la obtención de imágenes de jaguares, pumas y otros mamíferos en la Sierra Gorda, me di cuenta del poder de las imágenes y su gran utilidad ante una variedad de audiencias. Fue entonces cuando comencé a adquirir equipo y aprendí de manera autodidacta, a prueba y error y devorando algunos libros.

El contar con imágenes de alta calidad de la biodiversidad local se ha tornado en un excelente activo y capital para el Grupo Ecológico Sierra Gorda, organización con la cual tengo el honor de colaborar desde hace más de dos décadas. Y trabajar para una organización de conservación hace que las imágenes sean herramientas prácticas. Ahora, en 2015, tengo la fortuna de estar publicando en una variedad de medios y participado en varias exposiciones, colectivas e individuales.

  • ¿Cómo llegaste a la Sierra Gorda?

La familia de mi padre lleva asentada en la sierra desde hace más de dos siglos (mi hermano y yo somos ya una quinta generación), por lo que tenemos una profunda raíz en la región. Crecí allí, cuando mis padres decidieron dejar la ciudad de Querétaro y mudarse al campo. Ellos iniciaron el proyecto de conservación en mi niñez, por lo que crecí junto a él y lo más natural fue acabar como conservacionista.

  • ¿Qué encontraste ahí que te cautivó?

Biofilia es un término que acuñó el famoso biólogo y escritor Edward O. Wilson y que me encanta. Creo que define mi relación y percepción con estos montes. Su diversidad biológica y tenerlos de traspatio es un privilegio especial.

La Sierra Gorda es un laboratorio único en este país megadiverso, donde la vecindad entre ecosistemas muy distintos y sus especies asociadas ofrecen una variedad de modelos en cortas distancias. Por lo que es un paraíso para un fotógrafo, que aparte, la conoce de manera íntima. Ello facilita muchísimo las cosas. Y, aparte, hace a la fotografía muy útil, pues por primera vez estoy “poniendo cara” a especies nuevas, raras o endémicas, prácticamente desconocidas. ¿Hace diferencia más fotos de pingüinos o tigres de Bengala? Lo dudo mucho. En cambio, creo que sí aporta a la ciencia y a la conservación retratar especies poco carismáticas o desconocidas, igualmente amenazadas.

  • ¿Cuál ha sido la fotografía que más te ha llenado y por qué?

Son varias y por motivos distintos. Pero sin duda la más cercana es la de una margay que tuve el honor de rescatar de un cazador furtivo, ayudarle y luego liberarla en una de las reservas naturales privadas que custodiamos. La expresión de sus ojos al encontrarse de nuevo en el bosque es elocuente. La reacción de las personas cuando muestro esa foto es impactante. Incluso los niños, cuando les doy mi plática sobre biodiversidad, suelen soltar un “aahhhh” que me conmueve.

  • ¿Cuál ha sido la especie que más trabajo te ha costado fotografiar?

Más bien las que no he podido fotografiar. Hocofaisanes y chivizcoyos (una especie de ave endémica a la Sierra Madre Oriental, sumamente amenazada) siguen eludiéndome, cuando son especies básicamente no documentadas en vida silvestre. En todo caso, salvo muy pocas excepciones, fotografiar biodiversidad es complejo, requiere planeación, transportarse a sitios remotos, esfuerzo físico, conocer de la historia natural, ciclos y hábitos de las especies de flora y fauna y, por supuesto, suerte. Cazar la luz y las nubes de un frente frío a 3000 metros sobre el nivel del mar o a las guacamayas y sus perchas favoritas… son modelos que no cooperan.

  • ¿Cómo te puede transformar el hecho de habitar en un lugar rodeado de naturaleza?

Te desarrolla un sentido de compromiso y solidaridad con la biodiversidad, que con el cambio climático y la sexta ola de extinción masiva que los humanos hemos provocado, no queda de otra que ponerte de su lado. Pensar que las fotos que tomo se quedarán únicamente en el futuro como archivos digitales es inaceptable. Hay que luchar para que no se pierdan esas especies amenazadas.

  • Puedes describir tu proceso creativo.

Mi percepción de la luz, formas y colores creo se ha educado y mejorado mucho con los años. La autocrítica es el mejor aliado, máxime cuando trabajas lejos de otros colegas y no tienes retroalimentación ni crítica, por lo que ahora pocas fotos sobreviven, cuando antes almacenaba gigas de basura. Y, desde luego, tienes que ser una persona obsesiva, que busca las imágenes y terquea hasta que se consiguen.

  • ¿Cómo es un día en tu vida laboral?

Se dividen entre los días en oficina, que son ineludibles, y los días en campo, usualmente en recorridos de supervisión en las reservas naturales que tengo a mi cargo y donde siempre viene conmigo mi equipo. Es un privilegio que te paguen por hacer un trabajo así, ¡por proteger sitios con alta diversidad biológica, casa de jaguares, margays o salamandras amenazadas, en algunos de los sitios más silvestres y remotos de estas montañas! Y de paso ir haciendo fotografía, que sé que tendrá una aplicación práctica para la gestión y educación, posicionando esta región como una prioridad para la conservación. ¿Qué más se puede pedir?

Abiesymardorado-RPR

 

  • ¿De qué forma consideras que el documentar especies concientiza y educa?

Me he dado cuenta, gracias a la reacción de una variedad de públicos a mis fotos, ya sea en exposiciones, presentaciones, en revistas o libros, que realmente las imágenes tienen un impacto inmediato y cambian la percepción acerca de la Vida. Particularmente con mis vecinos en la Sierra Gorda, de alumnos de escuelas rurales a amas de casa. Se maravillan con las imágenes, cuando son su entorno inmediato. ¡Me han llegado a preguntar si me fui a algún lugar lejano de viaje a tomar las fotos! Cuando les digo que, que son de la Sierra Gorda, sé que he conseguido impactarlos. Y con ello sé que cambian la percepción que tienen de su vecindario.

  • Recientemente fuiste incluido en “Por el Planeta”, ¿qué significa esto para ti?

Hay muchos concursos de fotografía. Pero las metas de Por el Planeta lo hacen distinto, pues tiene un claro objetivo de conservación. Además, es un concurso de clase mundial por los socios, patrocinadores y el nivel del jurado. Por ello, haber sido incluido en él -algunas de mis imágenes servirán para promocionarlo- es un honor enorme. Aparte, estar al lado de algunos de los fotógrafos más prestigiados a nivel mundial, como Paul Nicklen, David Doubilet, Brian Skerry y Cristina Mittermeier, se me antoja increíble.

  • ¿Qué otros proyectos te gustaría desarrollar?

Desde luego un proyecto editorial sobre la Sierra Gorda, postergado pero que tiene que ser concretado y llenar un vacío de información. También foto-trampeo con equipo de calidad y conseguir así imágenes de los últimos jaguares queretanos. Y desde luego, aparte de mi compromiso a largo plazo con la Sierra Gorda, el visitar algunos de los últimos sitios silvestres de México, como el año pasado las sierras del norte de Coahuila y sus florecientes poblaciones de osos negros, donde los ecosistemas aún respiran completos.

 

La Biodiversidad de Tancuilín

Dentro de la geografía del extremo norte del estado de Querétaro destaca la presencia de grandes cañones que cortan de tajo a la Sierra Madre Oriental, como lo son los de los ríos Moctezuma, Ayutla, Santa María y Tancuilín, que además de resultar impresionantes formaciones geológicas constituyen corredores biológicos de primer orden. Esto se debe a que generalmente son áreas bien conservadas y por lo tanto permiten el libre tránsito de especies de fauna, aparte que propician la entrada a la sierra de especies tropicales, de aves, mamíferos, reptiles, anfibios e inclusive de invertebrados. De especial riqueza biótica es la cañada del río Tancuilín, que sin duda tiene una valiosa función como reservorio de germoplasma por la extensiva devastación de los bosques mesófilos de montaña de la región de Agua Zarca y Río Verdito, en el municipio de Landa de Matamoros, que han quedado convertidos en su mayor parte en potreros, milpas y en el mejor de los casos manejados como cafetales de sombra. Sin embargo, en la profunda cañada por donde corre el río Tancuilín se encuentran relictos de bosques mesófilos y selvas medianas sub-perennifolias que van en un gradiente aproximado de los 500 msnm hasta los 1400 msnm, con una precipitación media de aproximadamente 1500 mm anuales.

En el estado de Querétaro los bosques mesófilos de montaña cubren una superficie aproximada de 54 km2, lo que representa menos del 0.5% de su territorio y se encuentra distribuido en los municipios de Jalpan de Serra, Pinal de Amoles y Landa de Matamoros (Zamudio et al, 1992). En el caso del municipio de Landa de Matamoros, donde se encuentra esta cañada la flora de los mismos está compuesta por 774 especies de plantas vasculares, pertenecientes a 130 familias y 465 géneros (Zamudio et al. 2002) y en la cañada del río Tancuilín están formados por diferentes asociaciones que van de los 600 hasta los 1500 msnm, formadas por especies como Aphanante monoica, Ulmus mexicana, Ficus pertusa, Persea americana, Quercus rysophylla, Zuelania guidonia, Quercus germana, Q. rysophylla, Q. affinis, Q. xalapensis, Q. sartorii, Lonchocarpus rugosus, Liquidambar styraciflua, Persea americana, Reevesia clarkii, Aphanante monoica, Inga huastecana, Robinsonella discolor, Sapindus saponaria y Senna racemosa entre muchas otras, acompañadas de árboles de menor talla y un denso estrato arbustivo y herbáceo. Asimismo las epífitas son abundantes, cubriendo las ramas de los árboles. Resulta de especial relevancia que las 774 especies de plantas presentes en los bosques mesófilos de este municipio representen el 25% de la riqueza florística estimada para este tipo de vegetación en México (Rzedowski, 1991). Entre las especies de fauna presentes destacan mamíferos como venado temazate (Mazama americana), martucho (Potos flavus), tuza real (Cuniculus paca), puercoespín tropical (Coendu mexicanus), viejo de monte (Eira barbara), tigrillo (Felis weidii), tejones (Nasua narica), mapache (Procyon lotor) y armadillo (Dasypus novemcinctus) entre otras. De aves se han registrado alrededor de 150 especies En los bosques de esta cañada se encuentran algunas especies relevantes como chivizcoyo (Dendrortyx barbatus), codorniz silbadora (Dactylortyx thoracicus), mulato (Melanotis caeulescens), tinamúes (Crypturellus cinnamomeus), ajol (Penelope purpurascens), halcón selvático mayor (Micrastur semitorquatus), oropéndola (Psarocolius montezumae) y tucaneta verde (Aulacorhynchus prasinus) entre otras, muchas de las cuáles son endémicas o cuentan con estatus de protección. La herpetofauna es un grupo poco estudiado en esta barranca, mas es de esperar una gran riqueza de especies de anfibios como ranitas arborícolas y salamandras, dada la alta humedad ambiental del área. De invertebrados el único grupo trabajado es el de las mariposas diurnas o lepidópteros, siendo esta cañada sin lugar a dudas la localidad más rica en especies del estado de Querétaro, de acuerdo a de la Maza (2004), con 469 especies de las 800 presentes en la Reserva de la Biosfera Sierra Gorda.

Cactáceas

Del territorio mexicano, aproximadamente el 50% corresponde a regiones que por las condiciones climáticas se clasifican como áridas y semiáridas, ubicadas sobre todo en la mitad septentrional del territorio, además de pequeñas regiones más al sur como las zonas áridas de los estados de Querétaro e Hidalgo inclusive en la región de Tehuacán-Cuicatlán en los de Puebla y Oaxaca, debido principalmente al efecto de sombra orográfica. Las condiciones del clima determinan el establecimiento de plantas y arbustos de escaso porte, bien adaptados a la escasa humedad atmosférica y precipitación pluvial, como los son algunas especies de árboles, pastos, arbustos, plantas crasas, agaves, sotoles y cactáceas, grupo que se distingue por la variedad de sus formas y tamaños, que llegan a alcanzar en el caso de los saguaros del desierto Sonorense más de los cinco metros de altura. Las adaptaciones que con mayor frecuencia se encuentran en estas plantas es la presencia de numerosas espinas, hojas gruesas o crasas con poca exposición al sol para minimizar la transpiración excesiva o la pérdida de ellas durante la temporada seca o en el caso de las cactáceas, cuerpos gruesos y cilíndricos que son auténticos depósitos de agua.

En nuestro estado la zona árida ocupa buena parte de su territorio, (aproximadamente 3,300 km2 en el sur, centro y norte del estado) alcanzando su máximo esplendor y diversidad en la cuenca del río Extoraz, área a la que muchas personas se refieren de manera despectiva como “los cerros pelones”, cuando en realidad se trata de un ecosistema antiguo y respetable y que alberga una sorprendente variedad de formas de vida, englobadas bajo el nombre de matorrales xerófilos. La porción queretana de estos forma parte de uno de los desiertos más antiguos y estables de México junto con los de San Felipe en Baja California y el Tehuacan-Cuicatlán entre Puebla y Oaxaca con cerca 50 millones de años de antigüedad, además de constituir el extremo sur del desierto Chihuahuense. Desde que la Sierra Madre Oriental se plegó por la tectónica de placas, contamos con los matorrales xerófilos de la cuenca del Extoraz.

Su distribución altitudinal es amplia, desde los 1,100 a la vera de dicha corriente hasta la fría y ventosa cumbre del cerro de la Pingüica a 3,160 msnm, sus condiciones de sequedad (350 a 650 mm anuales), se deben a la sombra de lluvia que provocan las altas cumbres de la Sierra Madre Oriental, que ha permitido el desarrollo de ricas comunidades vegetales, pues lo que se denomina como matorral xerófilo presenta a su vez variantes determinadas por las condiciones de suelo, exposición, altitud y precipitación como los matorrales rosetófilo, asociado a rocas, micrófilo, donde predominan plantas de hojas diminutas, crasicaule, formado por cactáceas de gran porte, el submontano, en transición con los bosques templados y el encinar arbustivo, que crece en sólo dos cumbres de la sierra, cada uno de ellos con sus propias asociaciones vegetales. Su flora es rica y de sus especies varias se encuentran amenazadas o en peligro de extinción, por el saqueo y pérdida de hábitat, además de albergar especies exclusivas al territorio estatal, como la yuca queretana, la minúscula biznaga bola de hilo, y el peyote queretano entre otras, saqueado por la ignorancia de personas que creen tiene propiedades alucinógenas como su pariente utilizado por los indígenas huicholes, cuando en realidad su contenido en alcaloides es muy bajo. Dentro de la RBSG, este excepcional ecosistema cubre una superficie de aproximadamente 56,000 ha, con plantas características como órganos, nopales, biznagas, garambullos, biznaguitas, sotoles, guapillas y gobernadoras, etc. Desgraciadamente, al igual que otros ecosistemas, los matorrales xerófilos enfrentan una serie amplia de amenazas y presiones, como el pastoreo de ganado vacuno y caprino que disturba y empobrece sus comunidades e incluso la presencia de burros asilvestrados o ferales, que se han adaptado bien al medio y entre otras especies están afectando directamente a centenarias biznagas, pues con los cascos les quitan las espinas y después se alimentan del cuerpo de la planta, además del saqueo “hormiga” de ejemplares para su comercialización al público y coleccionistas sin escrúpulos.

Pinos Mexicanos

Con su territorio dividido entre las bioregiones neártica y neotropical, es decir, la división a nivel continental entre la flora y fauna de Norteamérica y Centro y Sudamérica, no parecería el territorio mexicano sitio óptimo para albergar la mayor diversidad de especies de pinos del planeta. Los pinos y otras coníferas la mayoría las imaginamos en los fríos bosques del norte y sin embargo en ninguna otra región del planeta los mismos reinan de tan rica manera como México. Con más de cien especies de pinos identificadas a nivel mundial, en México se encuentran aproximadamente 50 y la mitad de ellas sólo se encuentra en nuestro territorio, aunque uno podría pensar que la mayor diversidad debiera encontrarse en países como Rusia, Canadá, Noruega o Suecia, que se encuentran dominados por la extensa taiga.

La historia geológica y biológica de México es tan compleja que se han generado y favorecido procesos evolutivos singulares en la flora y fauna, lo que ha permitido sea un laboratorio vivo y centro de origen para varios grupos, proceso en el que sus cadenas montañosas han tenido un importante papel. Estas coníferas se distribuyen en todos los estados de la República, excepto en los de Yucatán y Campeche, con una especie que incluso se distribuye desde el nivel del mar como lo es Pinus caribea, mientras Pinus hartweggi crece hasta el límite de la vegetación arbórea a más de cuatro mil metros en los grandes volcanes del Eje Neovolcánico. Sin embargo el grueso de sus especies se distribuye entre los 1000 y 3,000 metros de altura. Hay pinos con conos gigantes que crecen entre pastizales secos y otros longevos que viven rodeados de neblina con 250 años de vida a una altura superior a los tres mil metros. En esos bosques lo mismo se encuentran y mezclan árboles de ecosistemas templados con ejemplares de tierras cálidas y tropicales. Y sólo estamos hablando de pinos.

Si se conocen qué pinos existen en cada región y a qué altitud crecen sobre el nivel del mar, se puede entender la historia de cada comunidad vegetal, su evolución genética y los cambios climáticos que se han sucedido a lo largo de la historia geológica de la tierra y como los mismos han influido y provocado la distribución y riqueza actual de especies. Entre la amplia riqueza de pinos mexicanos, se encuentran especies endémicas, como el pino zacatecano (Pinus maximartinezii) que produce los conos y piñones más grandes del mundo y que crece en un pequeño sector de la Sierra Madre Occidental en el estado de Zacatecas. Sus conos miden de 18 hasta 28 centímetros, no existen más de 5,000 ejemplares, mide entre 5 y 15 metros de altura y forma bosques abiertos con pastizales. Por sus características se considera no ha evolucionado en un largo periodo de tiempo, por lo que puede considerarse como un fósil viviente y desgraciadamente entre las diez especies de pinos más amenazadas a nivel nacional.
Estudios realizados desde hace más de diez años por botánicos del Instituto de Ecología de la UNAM han permitido registrar muchas localidades del país con poblaciones ancestrales de pinos, como Tolantongo en Hidalgo, en general la zona sur de la Sierra Madre Oriental en los estados de Hidalgo, Tlaxcala y Veracruz y nuestra Sierra Gorda, que para estos investigadores representa un importante centro de riqueza de pinos, albergando poblaciones de Pinus pinceana, piñonero amenazado y que se distribuye junto con Pinus cembroides en la vertiente de barlovento de la Sierra de Pinal de Amoles. Esta cordillera alberga la mayor riqueza de pinos en el estado, pues en la zona de La Pingüica se encuentran siete especies distintas, además de otras coníferas pertenecientes a géneros como Abies, Pseudotsuga, Juniperus, Cupressus y Taxus, una riqueza muy importante. Curiosamente, en los extensos bosques templados del cuerpo principal de la Sierra Madre Oriental en los municipios de Jalpan de Serra y Landa de Matamoros únicamente se encuentran dos especies de pinos. Más allá de que algunas poblaciones de pinos se consideren saludables a nivel nacional, de ninguna manera se hace menor la amenaza a su sobrevivencia.

El cambio climático con sus crecientes temperaturas irá cercando y amenazando a algunas especies a alturas mayores, que en caso de no estar disponibles en el rango de distribución de la especie lógicamente amenazarán su existencia. La avidez de los madereros (que en la Sierra Madre Occidental sólo ha dejado intactos menos del 1% de los bosques antiguos originales) ha mermado considerablemente la riqueza biológica de los mismos o la expansión de las huertas de aguacate en el estado de Michoacán están mermando de manera activa la extensión de los bosques de pinos mexicanos.

Aves de Norteamérica en Peligro

Al igual que otros grupos de animales, las aves en general están sufriendo mermas importantes en las poblaciones de muchas de sus especies derivadas del embate de nuestras actividades diarias; es decir, los humanos de una manera o de otra, voluntaria o involuntariamente provocamos la desaparición de hábitat, envenenamos los cuerpos de agua que utilizan, atrapamos para egoístamente tenerlas encerradas en jaulas debido “al amor” que les profesamos o las eliminamos de manera directa por afectar intereses económicos.

Si bien México tiene muchos elementos del neotrópico entre su especies de aves, comparte buena parte de sus especies con los Estado Unidos y Canadá, sirviendo como área de refugio en los meses invernales para muchas especies migratorias, por lo que al contrario de muchos otros temas de la agenda con nuestros vecinos del norte, existe una fuerte interés y cooperación para conseguir la conservación de la avifauna de Norteamérica entre una variedad de agencias, universidades y organizaciones de la sociedad civil. Existen numerosos esfuerzos e iniciativas que de una manera u otra están incidiendo en la protección de las aves, el mercado del ecoturismo y especialmente el de observadores de aves sigue al alza y existe una mucho mayor conciencia pública sobre su importancia y valor, mas sin embargo seguimos perdiendo hábitat, individuos y más especies se acercan al umbral de la extinción.

Algunas especies que anteriormente fueron extraordinariamente abundantes ahora se han extinguido; las palomas viajeras que anteriormente sumaban más de 3 billones de aves en los Estados Unidos fueron eliminadas en unas pocas décadas, al igual que los periquitos de Carolina, eliminados también en poco tiempo, lo que pone de relevancia nuestra extraordinaria capacidad de depredación y falta de consideración como especie.

Un estudio recientemente realizado por The Nature Conservancy señala que el 58% de la superficie continental de los Estados Unidos no alberga más su vegetación natural o que el 57% de todas las comunidades y ecosistemas de ese país se encuentran amenazados o son al menos vulnerables. De los bosques deciduos del este de los Estados Unidos que una vez cubrieron el 70% de su territorio actualmente cubren menos del 40%, los bosques de pinos del sureste que ocupaban 90 millones de acres ahora apenas cubren 30 millones de acres.

La situación en México no es mejor; nos quedan menos del 10% de las selvas tropicales húmedas o en el caso de los bosques templados de la Sierra Madre Occidental queda menos del .5% de los bosques antiguos gracias a la voracidad de los madereros, lo que ya nos privó del carpintero imperial, especie que fuera endémica a esa sierra. Igualmente la explotación forestal ha provocado una drástica disminución del 80% de las especies de psitácidos, es decir pericos, loros y guacamayas.

La segunda causa principal de desaparición es el brutal tráfico de especies, que pese a leyes, acuerdos y prohibiciones constituye después del narcotráfico el segundo negocio ilícito más productivo, con extensas redes clandestinas y jugosas ganancias. De nuevo los psitácidos sirven de ejemplo y víctimas de esta actividad; cuatro o cinco mueren en las manos de los traficantes antes de llegar a los consumidores, que inconscientemente contribuyen con su “amor” por las aves a su virtual exterminio. Esto ha puesto en serio riesgo a los loros de cabeza amarilla y al tamaulipeco, endémico al noreste de México y con poblaciones marginales en la RBSG. De las 339 especies de la Sierra Gorda 40 cuentan con estatus de protección de acuerdo a la NOM ECOL 059 2010 (Norma Oficial Mexicana), varias de ellas endémicas a nuestro país.

Si bien dentro del área protegida se puede proteger dependiendo de la especie con mayor o menor efectividad a sus poblaciones, el polígono de la reserva es sólo una pequeña isla en medio de la generalizada anarquía ambiental que desgraciadamente afecta a nuestro país, basta ver la alta tasa de deforestación que sigue imperando en los estados vecinos de San Luís Potosí e Hidalgo y la completa falta de aplicación de la normatividad ambiental. Falta ver cuantas especies más podremos eliminar sin que paguemos directamente la factura.

Sótano del Barro, hogar de guacamayas

Sin duda resultará curioso y de interés para muchas personas el saber que las abruptas e imponentes montañas que hoy forman la Sierra Gorda, hace algunos millones de años no existían, pues simplemente formaban parte del lecho marino. Algún tiempo después, hace aproximadamente 50 millones de años la tectónica de placas produjo un poderoso plegamiento que levantó el fondo marino, originando la gran cadena montañosa de la Sierra Madre Oriental, que de manera general se puede definir como un enorme edificio de sedimentos marinos del Mesozoico. Es por ello que las rocas de esta sierra son principalmente de naturaleza calcárea, por lo que en muchas áreas de la reserva es característico encontrar la típica topografía cárstica compuesta por mogotes, picachos, dolinas (cuencas cerradas con drenaje interno) y multitud de sótanos, es decir cuevas verticales, de los que si bien un importante número ha sido ya explorado y cartografiado, sin duda sólo representa una pequeña fracción de los abismos que esconde la sierra. Esta variedad de formaciones han sido originadas básicamente por la disolución de la piedra caliza por efecto de la erosión física y química por la acción del agua.
Nuestra Sierra Gorda destaca incluso a nivel internacional en términos de las grandes verticales que guarda en su interior, pues los sótanos de Tilaco (649 metros de profundidad total) y el del Nogal (529 metros) sin duda son simas magníficas e incluso más profundas por la sucesión de tiros verticales, pero que resultan modestas al lado de el Sótano del Barro. Esta es una extraordinaria formación geológica ubicada en el municipio de Arroyo Seco, dentro de los terrenos del ejido de Santa María Cocos. Esta cavidad se encuentra a una altura de 1,860 msnm, formada aproximadamente hace 1.5 millones de años por un proceso de disolución y fracturas, que dio origen a que se formara su gigantesca boca que alcanza los 420 metros en su eje mayor y 200 en el menor, una profundidad total de 455 metros y 410 de caída libre, lo que convierte su tiro en uno de los más grandes del mundo. Asimismo este sótano destaca por ser junto con la Cañada del Infiernillo, sitio de anidación de la colonia de guacamayas verdes (Ara militaris) de aproximadamente 40 parejas que se encuentra en la Sierra Gorda, que encuentran refugio en pequeñas cavidades horizontales en las paredes del sótano y de donde diariamente salen en busca de alimento, llegando a recorrer largas distancias en un solo día. La presencia de las guacamayas verdes fue razón fundamental para que con el decreto de creación de la reserva en 1997, el Sótano del Barro fuera designado como una zona núcleo de la misma, limitando con ello la entrada de espeleólogos a esta cavidad y el disturbio a estas aves, que se encuentran amenazadas en toda su área de distribución en la República Mexicana y fuera de ella. Buscando conocer a fondo la flora y fauna del sótano, que sólo había sido estudiada de manera somera, personal de la Universidad Autónoma de Querétaro bajo la dirección del Dr. Luis Hernández Sandoval, desarrolló el estudio “Biodiversidad del Sótano del Barro”, tanto dentro como en las inmediaciones del mismo, lo que arrojó interesantes resultados. Básicamente se encuentran en el exterior del mismo bosques de encino, encinar arbustivo y matorrales rosetófilos, en las paredes plantas rupícolas y en el fondo de la cavidad especies mas bien propias del bosque mesófilo o selvas medianas, por el clima que se forma en el fondo de la sima, incluyendo algunos árboles corpulentos. Fueron registradas 144 especies de plantas, 104 de animales, (54 insectos, 23 ácaros, 12 arácnidos, 3 especies de anfibios, 4 reptiles, seis aves y dos especies de mamíferos), además de estudiarse aspectos como el suelo, clima, temperatura y cantidad de luz al interior.
Debido a que el Sótano del Barro es una zona núcleo, se ha trabajado con los ejidatarios de Santa María Cocos para proteger y dar un manejo sustentable a esta cavidad que a su vez constituye un atractivo turístico de primer orden, por lo que ahora cuentan con un albergue rústico equipado donde ofrecen servicios de hospedaje, alimentación, guías y renta de caballos para acceder al sótano, por lo que extendemos una cordial invitación para que visiten este excepcional punto de la geografía queretana, a la vez que benefician a los comuneros que son custodios de dicha cavidad.
ENGLISH VERSION TO COME SOON

Sótano del Barro, hogar de guacamayas
Por Roberto Pedraza Ruiz

Sin duda resultará curioso y de interés para muchas personas el saber que las abruptas e imponentes montañas que hoy forman la Sierra Gorda, hace algunos millones de años no existían, pues simplemente formaban parte del lecho marino. Algún tiempo después, hace aproximadamente 50 millones de años la tectónica de placas produjo un poderoso plegamiento que levantó el fondo marino, originando la gran cadena montañosa de la Sierra Madre Oriental, que de manera general se puede definir como un enorme edificio de sedimentos marinos del Mesozoico. Es por ello que las rocas de esta sierra son principalmente de naturaleza calcárea, por lo que en muchas áreas de la reserva es característico encontrar la típica topografía cárstica compuesta por mogotes, picachos, dolinas (cuencas cerradas con drenaje interno) y multitud de sótanos, es decir cuevas verticales, de los que si bien un importante número ha sido ya explorado y cartografiado, sin duda sólo representa una pequeña fracción de los abismos que esconde la sierra. Esta variedad de formaciones han sido originadas básicamente por la disolución de la piedra caliza por efecto de la erosión física y química por la acción del agua.
Nuestra Sierra Gorda destaca incluso a nivel internacional en términos de las grandes verticales que guarda en su interior, pues los sótanos de Tilaco (649 metros de profundidad total) y el del Nogal (529 metros) sin duda son simas magníficas e incluso más profundas por la sucesión de tiros verticales, pero que resultan modestas al lado de el Sótano del Barro. Esta es una extraordinaria formación geológica ubicada en el municipio de Arroyo Seco, dentro de los terrenos del ejido de Santa María Cocos. Esta cavidad se encuentra a una altura de 1,860 msnm, formada aproximadamente hace 1.5 millones de años por un proceso de disolución y fracturas, que dio origen a que se formara su gigantesca boca que alcanza los 420 metros en su eje mayor y 200 en el menor, una profundidad total de 455 metros y 410 de caída libre, lo que convierte su tiro en uno de los más grandes del mundo. Asimismo este sótano destaca por ser junto con la Cañada del Infiernillo, sitio de anidación de la colonia de guacamayas verdes (Ara militaris) de aproximadamente 40 parejas que se encuentra en la Sierra Gorda, que encuentran refugio en pequeñas cavidades horizontales en las paredes del sótano y de donde diariamente salen en busca de alimento, llegando a recorrer largas distancias en un solo día. La presencia de las guacamayas verdes fue razón fundamental para que con el decreto de creación de la reserva en 1997, el Sótano del Barro fuera designado como una zona núcleo de la misma, limitando con ello la entrada de espeleólogos a esta cavidad y el disturbio a estas aves, que se encuentran amenazadas en toda su área de distribución en la República Mexicana y fuera de ella. Buscando conocer a fondo la flora y fauna del sótano, que sólo había sido estudiada de manera somera, personal de la Universidad Autónoma de Querétaro bajo la dirección del Dr. Luis Hernández Sandoval, desarrolló el estudio “Biodiversidad del Sótano del Barro”, tanto dentro como en las inmediaciones del mismo, lo que arrojó interesantes resultados. Básicamente se encuentran en el exterior del mismo bosques de encino, encinar arbustivo y matorrales rosetófilos, en las paredes plantas rupícolas y en el fondo de la cavidad especies mas bien propias del bosque mesófilo o selvas medianas, por el clima que se forma en el fondo de la sima, incluyendo algunos árboles corpulentos. Fueron registradas 144 especies de plantas, 104 de animales, (54 insectos, 23 ácaros, 12 arácnidos, 3 especies de anfibios, 4 reptiles, seis aves y dos especies de mamíferos), además de estudiarse aspectos como el suelo, clima, temperatura y cantidad de luz al interior.
Debido a que el Sótano del Barro es una zona núcleo, se ha trabajado con los ejidatarios de Santa María Cocos para proteger y dar un manejo sustentable a esta cavidad que a su vez constituye un atractivo turístico de primer orden, por lo que ahora cuentan con un albergue rústico equipado donde ofrecen servicios de hospedaje, alimentación, guías y renta de caballos para acceder al sótano, por lo que extendemos una cordial invitación para que visiten este excepcional punto de la geografía queretana, a la vez que benefician a los comuneros que son custodios de dicha cavidad.

Las Sierras Madres de México, hotspots de biodiversidad

Conservación Internacional (CI por sus siglas en inglés), una de las organizaciones ambientalistas con amplia presencia a nivel mundial e importante fuente de información científica y de referencia para conservacionistas, ha realizado una interesante selección siguiendo una diversidad de criterios, de los 34 sitios que concentran la más alta diversidad de formas de vida a nivel mundial, a los que ha denominado “hotspots” (literalmente puntos calientes), priorización que ha servido como referencia para la ejecución de diversos proyectos y esfuerzos de conservación.

Este concepto fue creado por el prestigiado ecólogo británico Norman Myers en 1988, como una manera de subrayar la importancia de ciertos sitios y regiones a nivel mundial y priorizar la inversión y esfuerzos de conservación, tomando en cuenta la riqueza extraordinaria en formas de vida de dichos sitios o regiones. Estos hotspots tienen un cierto nivel de endemismo de plantas y un cierto nivel de amenaza como región; se calcula que los mismos en su conjunto han perdido un 72% de su vegetación natural. Contienen al menos 1,500 especies endémicas de plantas, suman en su conjunto apenas el 2.3% de la superficie terrestre y sin embargo albergan el 50% de las especies de plantas vasculares del planeta y un 42% de los vertebrados terrestres existen sólo en estos hotspots. Asimismo incluyen el 75% de los mamíferos, aves y anfibios más amenazados del planeta.

Con su privilegiada riqueza biológica, México alberga tres de estos hotspots; parte de la provincia florística Californiana, en el estado de Baja California que con su mezcla de vegetación mediterránea, templada y desértica cuenta con asociaciones vegetales únicas; el de Mesoamérica, principalmente en el sureste del país y compartido con Guatemala, albergando una biodiversidad única en sus selvas tropicales, bosques de niebla y templados y el más extenso de todos, el de los Bosques Madreanos de pino-encino.

Este hotspot comprende 461,265 km2 de las principales cadenas montañosas del país, incluyendo las varias Sierras Madres (Occidental, Oriental, del Sur, etc…), el Eje Neovolcánico y cadenas montañosas menores, por lo que nuestra Sierra Gorda naturalmente está comprendida en el mismo, además de algunas cordilleras y picos en los estados de Arizona y Nuevo México en los Estados Unidos. Este hotspot se caracteriza por lo abrupto de su terreno, altas montañas y profundos cañones y el albergar más de una cuarta parte de todas las especies de plantas presentes en nuestro país, muchas de ellas endémicas (3,975 especies), así como 7 especies de aves endémicas, dos de mamíferos y 36 especies endémicas de anfibios amenazados, además de ser refugio de migraciones masivas en el invierno, como la de la mariposa monarca.

La mayor parte del mismo comprende bosques templados dominados por encinos, pinos y abetos, además de incluir las montañas más altas del país como el Pico de Orizaba y el Popocatépetl, por lo que a su vez comprende los relictos de vegetación alpina del país.
Sin embargo conserva menos de una cuarta parte de su vegetación en más o menos buen estado de conservación, debido a los cambios de uso del suelo con fines agropecuarios, incendios forestales o la voracidad de los madereros.

Basta citar que en los vastos bosques de coníferas de la Sierra Madre Occidental, principalmente en los estados de Durango y Chihuahua, queda menos del uno por ciento de los bosques de pino antiguos, ya que el otro 99% fue talado y aunque en buena parte hayan sido reemplazados por bosques secundarios, los mismos de ninguna manera sostienen la misma diversidad biológica. Muestra de ello fue la extinción del carpintero imperial, el más grande del mundo y especie endémica a dicha sierra.

En el caso de nuestra Sierra Madre Oriental, en los estados de Puebla, San Luís Potosí, Hidalgo y Veracruz, sus montañas han sufrido una bárbara deforestación, no obstante sus abruptas laderas y suelos rocosos para dedicarlas principalmente al cultivo del maíz y parte de la Sierra Gorda igualmente fue afectada en el pasado, aunque conserva amplias áreas de vegetación original y en proceso de regeneración. En los estados de Nuevo León, Tamaulipas y Coahuila afortunadamente su situación es mejor y alberga aún áreas en excelente estado de conservación, aunque falte mucho por hacer para su protección.
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de Roberto Pedraza Ruiz

Conservación Internacional (CI por sus siglas en inglés), una de las organizaciones ambientalistas con amplia presencia a nivel mundial e importante fuente de información científica y de referencia para conservacionistas, ha realizado una interesante selección siguiendo una diversidad de criterios, de los 34 sitios que concentran la más alta diversidad de formas de vida a nivel mundial, a los que ha denominado “hotspots” (literalmente puntos calientes), priorización que ha servido como referencia para la ejecución de diversos proyectos y esfuerzos de conservación.

Este concepto fue creado por el prestigiado ecólogo británico Norman Myers en 1988, como una manera de subrayar la importancia de ciertos sitios y regiones a nivel mundial y priorizar la inversión y esfuerzos de conservación, tomando en cuenta la riqueza extraordinaria en formas de vida de dichos sitios o regiones. Estos hotspots tienen un cierto nivel de endemismo de plantas y un cierto nivel de amenaza como región; se calcula que los mismos en su conjunto han perdido un 72% de su vegetación natural. Contienen al menos 1,500 especies endémicas de plantas, suman en su conjunto apenas el 2.3% de la superficie terrestre y sin embargo albergan el 50% de las especies de plantas vasculares del planeta y un 42% de los vertebrados terrestres existen sólo en estos hotspots. Asimismo incluyen el 75% de los mamíferos, aves y anfibios más amenazados del planeta.

Con su privilegiada riqueza biológica, México alberga tres de estos hotspots; parte de la provincia florística Californiana, en el estado de Baja California que con su mezcla de vegetación mediterránea, templada y desértica cuenta con asociaciones vegetales únicas; el de Mesoamérica, principalmente en el sureste del país y compartido con Guatemala, albergando una biodiversidad única en sus selvas tropicales, bosques de niebla y templados y el más extenso de todos, el de los Bosques Madreanos de pino-encino.

Este hotspot comprende 461,265 km2 de las principales cadenas montañosas del país, incluyendo las varias Sierras Madres (Occidental, Oriental, del Sur, etc…), el Eje Neovolcánico y cadenas montañosas menores, por lo que nuestra Sierra Gorda naturalmente está comprendida en el mismo, además de algunas cordilleras y picos en los estados de Arizona y Nuevo México en los Estados Unidos. Este hotspot se caracteriza por lo abrupto de su terreno, altas montañas y profundos cañones y el albergar más de una cuarta parte de todas las especies de plantas presentes en nuestro país, muchas de ellas endémicas (3,975 especies), así como 7 especies de aves endémicas, dos de mamíferos y 36 especies endémicas de anfibios amenazados, además de ser refugio de migraciones masivas en el invierno, como la de la mariposa monarca.

La mayor parte del mismo comprende bosques templados dominados por encinos, pinos y abetos, además de incluir las montañas más altas del país como el Pico de Orizaba y el Popocatépetl, por lo que a su vez comprende los relictos de vegetación alpina del país.
Sin embargo conserva menos de una cuarta parte de su vegetación en más o menos buen estado de conservación, debido a los cambios de uso del suelo con fines agropecuarios, incendios forestales o la voracidad de los madereros.

Basta citar que en los vastos bosques de coníferas de la Sierra Madre Occidental, principalmente en los estados de Durango y Chihuahua, queda menos del uno por ciento de los bosques de pino antiguos, ya que el otro 99% fue talado y aunque en buena parte hayan sido reemplazados por bosques secundarios, los mismos de ninguna manera sostienen la misma diversidad biológica. Muestra de ello fue la extinción del carpintero imperial, el más grande del mundo y especie endémica a dicha sierra.

En el caso de nuestra Sierra Madre Oriental, en los estados de Puebla, San Luís Potosí, Hidalgo y Veracruz, sus montañas han sufrido una bárbara deforestación, no obstante sus abruptas laderas y suelos rocosos para dedicarlas principalmente al cultivo del maíz y parte de la Sierra Gorda igualmente fue afectada en el pasado, aunque conserva amplias áreas de vegetación original y en proceso de regeneración. En los estados de Nuevo León, Tamaulipas y Coahuila afortunadamente su situación es mejor y alberga aún áreas en excelente estado de conservación, aunque falte mucho por hacer para su protección.