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Los hongos del norte de Querétaro


Entre las diferentes especies que forman parte de los ecosistemas forestales, destacan por su humildad y a la vez por su importancia, los hongos silvestres, que aparecen como por arte de magia durante la temporada de lluvias, tienen una efímera vida y desaparecen hasta el año entrante.Los mismos cumplen una variedad de funciones que resultan primordiales en el mantenimiento de los procesos ecológicos de la naturaleza, existiendo de muy diversas formas, tamaños, colores y adaptados a una variedad de circunstancias. Entre sus funciones se encuentran la reintegración de materia orgánica al suelo (por ende de carbono), permitiendo el mantenimiento de la fertilidad del mismo en ecosistemas terrestres, destacando por esta función los hongos descomponedores de madera.Así mismo, otras especies disminuyen y evitan los procesos erosivos a través de su micelio, pues fusionan las hojas muertas del mantillo y forman una capa semi-compacta que protege al suelo; otros viven de parasitar otras especies, o los llamados micorrícicos, que forman relaciones provechosas (es decir, una simbiosis) con árboles de diferentes especies.

Es así que los hongos forman el Reino Fungi, que después de los insectos alcanza los más altos índices de diversidad, pues de acuerdo a diversos autores existen en todo el mundo entre 1.5 y 2.5 millones de especies. En México, alrededor de 185 mil especies, de las cuales, apenas se han descrito y conoce la ubicación de siete mil, lo que equivale a apenas a 3.5% de los hongos que crecen en el país.

La diversidad de hongos del estado de Querétaro y la Sierra Gorda ha sido estudiada por diversos especialistas desde el año de 1986, como los maestros Jesús García Jiménez, Isaac Silva Barrón y la maestra Rosa Laura Andrade, entre otros, pertenecientes a una variedad de instituciones como la Universidad Autónoma de Querétaro, el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey Campus Querétaro, e incluso del Instituto Tecnológico de Ciudad Victoria, Tamps., que publicaron en 1998 el resultado de sus estudios en el libro “Hongos del Estado de Querétaro”, reportando la presencia de 224 especies de hongos macroscópicos para el estado de Querétaro, de las cuales 127 especies están presentes en la Sierra Gorda, 42.5% corresponde a especies comestibles, es decir 54 especies con diversos grados de comestibilidad y palatabilidad, mientras el 41.7% son hongos micorrícicos asociados a diversas especies de pinos y encinos.

Sin embargo, a partir de prospecciones realizadas el año pasado por el micólogo Alan Rockefeller, en colaboración con el Grupo Ecológico Sierra Gorda (GESG), la gran mayoría de los hongos presentes en el tercio norte del estado resultan ser especies nuevas, esto a partir del análisis de su ADN. A reserva de aguardar su descripción científica, el acervo de especies de macromicetos serranos resulta todo un tesoro biológico.

A diferencia de otros estados, en Querétaro no existe tradición entre la población rural para el aprovechamiento y consumo de hongos, pues se limitan a consumir el cuitlacoche (Ustilago maydis), champiñón (Agaricus bisporus) y el hongo bola (Calvatia cyathiformis), pues desconocen que existen otras especies de mejor sabor. Aunado a esto, el miedo que inspiran las especies tóxicas y venenosas, de las que si bien algunas de ellas están presentes en los bosques de la reserva, son una minoría y teniendo los conocimientos técnicos es relativamente fácil identificarlas.

Ninguna de las viejas tradiciones populares es efectiva en lo absoluto para la identificación de los hongos venenosos, como hervirlos con una moneda de plata y esperar su ennegrecimiento si fueran tóxicos, ya que si se sigue este procedimiento con hongos como Amanita phalloides o A. virosa, el metal no se pondría negro y se trata de especies que de consumirlas son fatales.

Por lo que respecta a la cantidad de macromicetos comestibles de los bosques de pino-encino de la RBSG, se hicieron estimaciones de la cantidad potencial de toneladas de hongos silvestres que se podrían obtener por hectárea durante cada temporada de lluvias, estimando un rango que va desde 1,448.4 hasta 10,861.7 kgs. Sin duda estas cifras hacen reflexionar sobre el potencial que tienen los hongos silvestres como recurso alimenticio para las comunidades de la sierra, que de manejarse sustentablemente podría ser excelente fuente de aminoácidos y ácidos grasos esenciales para la dieta humana.

En la próxima temporada de lluvias, son literalmente toneladas de hongos silvestres los que aparecen en bosques y selvas de la Sierra Gorda, a cumplir sus funciones con los ecosistemas y ofrecer un vasto recurso alimenticio que no es aprovechado en todo su potencial.

 

Roberto Pedraza, Jefe del Programa de Tierras para la Conservación del Grupo Ecológico Sierra Gorda

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